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Tomar el nombre de Abrahán-Ibrahim en vano.

Estamos asistiendo a toda una puesta bocabajo de lo que es la política del Oriente Medio y de los países árabes. Trump, ignoramos de los medios o ardides que se valió, hizo acudir a su llamada como rebaños a cierto número de estados árabes: Emiratos, Baréin, Sudán, Marruecos (no sé si me olvido alguno), además de los que por otros motives y en otras fases, ya habían “hecho las paces” con el ente sionazi. Esa reunión en el aprisco sionazi se formulaba y sellaba con el nombre de “Acuerdos de Abrahán”. En ellos, los palestinos no existen ni han existido nunca. Se glosa con perfidia nauseabunda que todos somos hermanos e hijos de Abrahán (árabes y judíos cabe entender) y que debemos ser como buenos hermanitos y no pelearnos y bla, bla, bla. Y que, vamos, los palestinos no existen. Todos los malentendidos han sido porque somos muy malos y nos gusta discutir y que aquí ya vamos a darnos todos un abrazo y el pasado no existe. Vamos todos a engordar con los despojos de esos que no existen ni han existido. Porque ni Palestina ni los palestinos han existido nunca. Todo lo que hay que resolver es entre el ente sionazi y los árabes no palestinos, porque estos -lo dicho- no existen ni han existido nunca. Para ellos no hay Abrahán ni sensiblerías que valgan.
Tampoco ha existido en Europa una plaga de genocidios contra los judíos europeos (entre otros pueblos europeos) que convirtieron a millones de judíos europeos en refugiados y que los caraduras imperiales dijeron que había que cargar a Palestina. Ahí dejaron de haber existido los palestinos, para hacer sitio a la infamia del genocidio europeo de una población judía europea. Esa sobraba en Europa y los palestinos que se mueran que no hacen falta. Esos son, ahí los tienen ustedes, los Acuerdos de Abrahán. Eso es lo que hermana ya a árabes y sionazis en esa horrenda pesadilla de unos palestinos que no se quieren morir cuando, según el imperialismo y sus blasfemos, eso es lo que deberían haber hecho hace tiempo.
A los católicos se nos enseñaba que “no tomarás el nombre de Dios en vano”. Eso existe creo en todas las creencias. Abrahán, Ibrahim, es un profeta y enviado de Dios y Dios siempre esta con de sus profetas. Tomar el nombre de Abrahán en vano no es inocuo. Los que dicen no creer en Dios ni en otra vida, y sin embargo son fieles creyentes en la justicia y en la verdad, deben de sufrir muchísimo con esta nauseabunda perfidia de unos pretendidos Acuerdos de Abrahán. Los que creemos también en Dios con sus nombres de la justicia y la verdad también sufrimos, todos sufrimos. Desde luego, ninguno tanto como los que sí sufren directamente la maldad exterminadora del sionazismo.
Los que creemos en Dios y en la otra vida, tenemos sin embargo algo que nos ayuda y es que nadie toma el nombre de Dios en vano impunemente ni el nombre de uno de sus profetas o enviados en vano, sin sufrir las consecuencias. Que no celebren tanto su éxito mundano. La verdad existe y la justicia también y todo se paga y a cada cual siempre se le pone en su sitio, cuando Dios quiere. A más grande infamia, mayor castigo. No engañáis sino al que quiere dejarse engañar. También a ese le abrirán los ojos. VIVA PALESTINA VIVA. Que Dios lave a sus elegidos de la podredumbre que quieren echarles encima. Que Dios guarde a los judíos fieles ,a los árabes fieles, a todos los fieles a La Justicia y la Verdad, esos , con la venia divina, sí somos hermanos y nunca hemos dejado de serlo y, Dios lo quiera, siempre lo seremos.
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Carmen del Río

Escritora. Presidenta de la Academia Española de Exégesis Coránica.

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