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Palestina y la islamofobia

¿Tienen algo que ver Palestina y la islamofobia?

¿Tienen algo que ver Palestina y la islamofobia? En principio no deberían, es decir, no debería tener Palestina más que ver con la islamofobia que con la agorafobia o cualquier otra fobia o prejuicio. En la práctica, muy dada ella a saltarse cualquier principio a la torera, pues tienen todo que ver.

Hay entre los fieles a la causa palestina personas que pueden ser indiferentes a la religión e incluso contrarias a ella, que rechazan de plano que se relacione a la causa palestina con la religión y, más concretamente, la islámica. Puesto que hay una mayoría de musulmanes entre los palestinos, es de estimar que el enlazar ambas cuestiones entraría dentro de lo probable. Nuevamente, en principio nada que objetar a eso, la cosa está clara: el atropello, aniquilación y genocidio de Palestina es una cuestión política, grave, gravísima. Es una cuestión política, no religiosa. En eso y en principio estamos todos de acuerdo así sea ateo, agnóstico, meramente indiferente o de cualquier confesión religiosa, eso no cambia nada: la expropiación de Palestina a sus habitantes legítimos y su dispersión, expulsión, persecución y maltrato durante más de 70 años son un atropello del derecho internacional, de los derechos humanos y de todas las normas de cualquier derecho. No hace falta añadir ningún otro calificativo para sentir adhesión a una causa radicalmente justa.

Es de alabar la firmeza de todos los que son fieles a esta causa manteniendo ese principio de que es algo independiente de toda religión, falta de ella, o ideología y que la causa palestina está basada en la equidad y la justicia.

Pero hemos hablado de la práctica y en la práctica sucede que para los autores del plan de destrucción de Palestina -remontándonos a más de un siglo de planificación de ese hecho en las instancias del Imperio Británico, sostenido ese plan con plena continuidad en el sucesor del Imperio Británico, lo que podríamos denominar el imperio Anglo-Otan-, esos ejecutores y continuadores del plan imperial, del pasado y del presente, la eliminación de Palestina no es la única artimaña y arma de guerra total que se les ha ocurrido. No, tienen muchas más, pero un puntal de primer orden y fundamental en su guerra total por el poder mundial es la configuración del islam como el enemigo del mundo, el puritito demonio, el diablo, el malo… Pretender que esas mentes imperiales enfermas de poder no van a establecer o, mejor dicho, no tenían ya pensado hacer funcionar la sinergia entre la islamofobia a escala mundial y el hecho palestino es de ingenuos o de obcecados. A los palestinos los tienen pillados por dos lados con una maquinaria de aniquilación final, la aniquilación de Palestina y la aniquilación del demonio islámico. Y aunque sean dos cuestiones separadas para cualquier mente lúcida, en la práctica se han amalgamado y no tiene nada de sorprendente que sean precisamente los poderes sionistas los mayores ejecutores de la campaña islamófoba a nivel mundial. Evidentemente la promoción de la islamofobia y la destrucción de Palestina no son dos cuestiones desligadas. Los bienintencionados seguidores de la causa palestina podemos escandalizarnos y protestar pero es un hecho. Esto no es nada de incógnito y está muy documentado como muestra el vídeo, muy digno de verse, que adjuntamos al final del texto­­­­­. Para los antipalestinos, el islam y Palestina no son dos demonios sino el mismo demonio y si eres musulmán estás con Palestina porque eres musulmán y no porque sea una causa justa.

Para los seguidores de la causa palestina, sean creyentes, no creyentes, indiferentes o no, la tentación de tomar distancias de lo que huela a musulmán puede ser muy fuerte, para algunos, de hecho, lo es. Y sin que lleguen a ser clamorosas esas distancias que se toman, uno se pregunta si no pueden ir a más y, si de verdad, tal cual, son verdaderamente necesarias o benefician esas distancias. En todo esto, por supuesto, es evidente, que se olvida a los cristianos palestinos como si fuera algo que no existiese ni puediera existir, se olvida a los agnósticos, a los ateos o a los indiferentes palestinos que pueda haber y, en resumidas cuentas, se lesiona a todos y cada uno. Naturalmente eso es algo que obra a favor de la guerra imperial contra el mundo y en particular los más afectados en este momento pero que no favorece a ninguno de los que de verdad aspiramos a la justicia y a la hermandad entre toda la gente de buena voluntad.

Reconocer la existencia y el ejercicio de la islamofobia como una pieza clave en la guerra imperial contra los pueblos no es en sí quitar ninguna validez en derecho y justicia a la causa palestina. Son dos cuestiones separadas, sí, pero dos cuestiones que el imperio hace funcionar a una para dañar a ambos blancos de la guerra a la vez. Ni qué decir tiene que, de rechazo, se vulnera horriblemente a aquellos palestinos cuya existencia se ignora, como hemos dicho, cristianos, ateos, agnósticos, indiferentes o cualquier otra filiación que cualquier palestino, lo mismo que cualquiera otra gente pueda tener. Por otra parte, es improcedente e injusto mirar mal a que los musulmanes que así se sientan se solidaricen en virtud de sus convicciones con la causa palestina. No se les puede exigir que dejen de ser musulmanes para apoyar a Palestina, como no se puede exigir a nadie que deje de ser agnóstico o budista para el caso. Y hay budistas propalestinos, ciertamente, por dar un ejemplo.

Las causas no son justas porque quien las defienda crea esto, aquello o deje de creerlo, son justas porque, objetivamente, se ha vulnerado o no se ha respetado todo aquello que las personas de buena voluntad, habiéndolo examinado, consideran que es justo y verdadero.

Precisamente y a pesar de las observaciones que preceden, quien esto escribe encuentra que un mérito de la causa palestina es el hacer posible que gentes de muy variadas tendencias filosóficas, religiosas o de otra índole, confluyan en una causa que debiera en principio no resultarles simpática gracias a toda la malinformación y prejuicios inoculados en las poblaciones. Ahora se da el caso de que ese mismo tratamiento se aplica también al islam y a los musulmanes. No son lo mismo, desde luego pero ambas cosas son injustas y atentatorias contra la verdad. Tampoco son los únicos casos de atropello y escarnio pero sí son, como decíamos al principio, los malos principales de esta película global con que el Imperio obsequia a todos sus títeres y víctimas.

Una confía en que todos los que sí creemos en la justicia, la verdad, la equidad y la compasión entre todos los seres humanos de buena voluntad, no nos tiremos piedras sobre el propio tejado porque por alguna carambola mental se nos presente algo como si no fuera cosa nuestra y que no queremos “que nos vean con esos”.

Cerraré, como tantas veces, con ese “¡Viva Palestina viva!” que a tantos nos une en una causa que Dios quiera que triunfe y, con ella, lo mejor del género humano.

 

 

Imgen de portada: Rashida Tlaib (congresista estadounidense de origen palestino) con Linda Sarsour (activista estadounidense de origen palestino).

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Carmen del Río

Escritora. Presidenta de la Academia Española de Exégesis Coránica.

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