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Nuevos interlocutores en la de la Comisión Islámica de España

Los musulmanes en España nos encontramos ante una situación insólita ya que desde 1992, año de la creación de la CIE, será la primera vez que haya un nuevo presidente (antes había dos secretarios generales).


Se ha escrito muy poco sobre la CIE, apenas hay estudios objetivos que den cuenta de los 28 años de historia de esta institución y si ha cumplido el objetivo por la que se creó. Por lo que aún después de tantos años, sigue habiendo una gran confusión, muy poca información y transparencia. No voy a llevar a cabo una reflexión sobre el recorrido de la CIE, sobre la manera en la que el Estado ha intervenido, controlado y presionado para definir el tipo de institución que debía ser, siempre en función de sus intereses y de tener el beneplácito del estado marroquí, en una relación de “yo te doy esto y a cambio tú aceptas esto otro”, pero creo que alguien, en algún momento, debería hacerlo. Tampoco voy a hablar de las tensiones internas entre un colectivo que agrupa a dos millones de personas, con procedencias, recorridos y aspiraciones diversas. Las tensiones son normales cuando hablamos de un colectivo tan diverso. No son “sospechosas”, como quieren dar a entender algunos medios de comunicación.


Al Estado español le ponen nerviosos los colectivos amazig que están implantados en Catalunya. A Marruecos, los colectivos que están a favor de una república y son críticos con la monarquía. Así que lejos de hablar de las teorías del complot, de lo que hay que hablar es de geopolítica, pero muy pocas personas están dispuestas a poner las cartas sobre la mesa. Además de la cuestión migratoria y el papel de Marruecos en la política europea de cierre de fronteras.


Volviendo al tema concreto de la nueva presidencia de la CIE, podemos constatar que en el proceso no intervenimos la inmensa mayoría de musulmanes porque no está establecido en los estatutos que haya listas de candidatos y candidatas, que haya elecciones, sino que se elegirá a un interlocutor que ponga de acuerdo los intereses de quienes tienen más peso en la mesa.


También podemos constatar que, entre los nombres que se barajan como posibles sucesores que se han anunciado en los medios de comunicación, los perfiles son bastante similares: no hay ni una sola mujer ni personas que provengan de orígenes diversos.


Otro punto fundamental es el proceso en sí. Los musulmanes esperamos que nos anuncien quién será el nuevo presidente, sin que haya habido ningún tipo de consulta asamblearia o, por lo menos, desde el nivel local, autonómico al nacional.


Por último, el propio Estado español no dota de la financiación necesaria para que puedan aplicarse los acuerdos de cooperación de 1992. Pero no solo se trata de una cuestión económica sino, sobre todo, de falta de voluntad política.


Por todo ello, pienso que la opción por la que debemos apostar es por romper con el acuerdo de cooperación y dejar de utilizar la CIE como medio de interlocución con el Estado. ¿Significa eso que los musulmanes debemos renegar de nuestros derechos: asistencia espiritual en hospitales, enterramientos, comida halal, apertura de lugares de culto, matrimonios, etc? No, yo abogo por gozar de esos derechos pero mediante la constitución y la ley de libertad religiosa. Eso nos llevaría igualmente a desmantelar el concordato con la Iglesia católica, un hueso duro de roer.


La CIE fue creada a imagen y semejanza de la conferencia episcopal. Han intentado que entremos en una estructura que a los musulmanes nos es ajena: ni los imames son curas, ni el islam es el catolicismo. La CIE ha supuesto más inconvenientes que ventajas y es hora de llevar a cabo un cambio de estrategia para que se respeten nuestros derechos. Nos ha encerrado en una estructura inoperante, nos ha mantenido controlados y a la vez divididos, e incluso, ha limitado nuestros derechos.


Quizás haya quien piense que no merece la pena debatir sobre estas cuestiones, que nosotros, como individuos, no podemos hacer nada ya que depende de las altas esferas del Estado, pero es necesario que tengamos en cuenta lo que está en juego: qué tipo de interlocución queremos tener y cuál es la más eficaz. Por si alguien no lo sabía, solo los musulmanes que son miembros de una mezquita que a su vez esté federada y reconocida por la CIE está al amparo de los acuerdos de cooperación y los derechos que de ello se desprende. Todos los demás estamos fuera. Y las mujeres estamos fuera de la toma de decisiones.

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