Opinión

Las mujeres musulmanas de lo único que necesitan salvarse es del feminismo blanco

Por Aiysha Shazad

feminismo ˈFɛmɪnɪzmo (ə) m sustantivo 1. La defensa de los derechos de las mujeres basándose en la igualdad de los sexos.

A principios de la década del 2000, mi padre llevaba el pelo bastante largo y peinado hacia atrás; él pensaba que era el doble castaño de Elvis Presley. De hecho, el primer recuerdo que tengo de mi infancia es estar sentada en la parte alta del sofá tratando de peinarle y trenzarle el cabello mientras miraba una y otra vez los vídeos de «Kavanagh QC» en el reproductor de VHS.

No tardé mucho en aceptar que no tenía ninguna esperanza ni potencial en el sector de la peluquería. Así que dejé de torturar el cuero cabelludo de mi padre con pinzas de color rosa brillante para sentarme en su regazo todas las noches y ver sus programas favoritos en la televisión. Esto me supuso 5 años de dedicación y obsesión extremas por los dramas de abogados y tribunales, como «North Square», «Shadow of the Noose» y «Juez John Deed». Me encantaban.

Recuerdo a mi padre moviendo los sofás para convertir la sala de estar en un tribunal improvisado. Él me levantaba y me colocaba encima de la mesita de café, donde yo le daba con un cucharón contra una cacerola vuelta del revés y le gritaba a un jurado imaginario «ORDEN, ORDEN», sentenciando a mi padre a 800 años de prisión sin ningún motivo aparente (lo siento papá). Para que yo pudiera representar un papel merecedor del Óscar, llegó incluso a comprarme una peluca rubia rizada como la de Sandy en «Grease», en lugar de la de Sandra en «Harvard Law School». Y, al parecer, resultó.

Es cierto que el feminismo ha servido para hacer los grandes cambios que ha habido en la vida de las mujeres, pero también es cierto que yo, debido al feminismo y como mujer musulmana racializada en Occidente, nunca me he sentido tan alienada.

AIYSHA SHAZAD

Con el paso de los años, aunque dejé de golpear la cacerola y aunque me avergüence admitirlo, mi pasión por la serie «Ley y Orden» no se disipó. Antes bien me ayudaba a escabullirme de las tareas del hogar jugando la carta feminista: “Papá, conforme a la Ley de discriminación sexual de 1975, no puedes obligarme a aspirar, mándale a él” (en referencia a mi hermano mayor). Consecuentemente, para fastidio de mi hermano, mi padre hizo algunos cambios en el plan pegado en la nevera para garantizar que las labores de casa se repartieran más equitativamente entre nosotros dos. Pero no funcionó. Mi hermano nos engañó a todos y dejó la aspiradora encendida durante horas mientras jugaba a la PlayStation en el piso de arriba- menudo listo.

A medida que crecía, reconocía que el feminismo tenía una dimensión mayor, un objetivo más grande y un poder que iba más allá de librarse de tener que pasar la aspiradora.

Francamente, pareciera que el concepto occidental del feminismo hoy en día solo consiste en salir a la calle para cantar «liberar el pezón» con las tetas fuera, enseñando las axilas peludas y sin afeitar al levantar pancartas de vaginas con dibujos animados con las palabras «poder del coño» garabateadas en la parte inferior, mientras se considera «opresiva» a cualquier forma de cubrirse.

El movimiento unificador del feminismo que se estableció inicialmente para empoderar a las mujeres y celebrar simultáneamente la feminidad se ha convertido en una paradoja en sí mismo debido a la evolución del feminismo occidental de hoy; segregar y marginar a las mujeres, erradicando la verdadera noción de feminismo en el proceso. El feminismo occidental moderno, en términos más simples, es lo que yo describiría como «feminismo» blanco, entre comillas, sí.

Desde el velo forzado a las víctimas de violencia, pasando por las novias yihadistas, las mujeres musulmanas parecen ser el tema de debate favorito de la prensa occidental -pero nunca a través de sus propias voces y experiencias. Parece que hablara por ellas la pura retórica occidental.

AIYSHA SHAZAD

Como joven musulmana, he vivido a la sombra oscura del ataque terrorista del 11 de septiembre durante la mayor parte de mi vida. Por lo tanto, desde que tengo memoria, los musulmanes han estado en constante escrutinio bajo una lente occidental. Tras el auge del «terrorismo» asignado al fundamentalismo islámico (que podría agregar, contradice completamente uno de los principios fundamentales del islam), puede decirse que el sufrimiento de las mujeres musulmanas es tal vez el tema de debate preferido. Desde el velo forzado a las víctimas de violencia, pasando por las novias yihadistas, las mujeres musulmanas parecen ser el tema de debate favorito de la prensa occidental -pero nunca a través de sus propias voces y experiencias. Parece que hablara por ellas la pura retórica occidental.

Independientemente de lo populares y diversas en número que sean, las mujeres musulmanas todavía tienen que pelear mucho para hacerse oír en el coro de las feministas blancas. Parece que la voz pública de las mujeres musulmanas solo se amplifica cuando se las retrata como víctimas y cuando se las presenta despojadas de derechos debido al islam.

Supongo que el feminismo blanco cree que, además de estar «oprimidas», las mujeres musulmanas realmente no tienen gran cosa que hacer. Es decir, salvo por Ilhan Omar, la primera mujer musulmana, somalí-estadounidense, elegida a una legislatura estatal en Minnesota y que le dice la verdad al poder; salvo por Linda Sarsour, la activista musulmana que coorganizó la Marcha de las Mujeres exigiendo responsabilidad el día después de que el presidente electo Trump asumiera el cargo; y salvo por Carolyn Walker-Diallo, la primera mujer musulmana elegida como jueza en los Estados Unidos, claro.

Debemos empezar a aceptar ya que practicar una religión, abrazar la feminidad y promover el feminismo no son cosas separadas, sino que una puede contribuir a la compatibilidad con las otras.

Y ya va siendo hora.

Es hora de comenzar a representar, respetar y destacar a las mujeres musulmanas.

Publicado por Aiysha Shazad en Muslim Girl el 23 de octubre de 2019. Traducido por @musulmanaDDHH.

Imagen de portada: tuffix.deviantart.com.

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