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El miedo como origen de los prejuicios

Los seres humanos vivimos y convivimos entre constantes prejuicios: clasismo, sexismo, machismo, homofobia, islamofobia, y la más reciente e importante, aporofobia (miedo o prejuicio al pobre, al desposeído social o material). Los prejuicios son un modo de visión del otro que nos lleva a diferenciarlos, opacarlos o disminuirlos, siempre con el objetivo de sentir poder o seguridad (lo cual implica una falta de seguridad personal o el miedo a perder el control en nuestra vida). ¿Cómo se originan estos prejuicios? ¿Tienen solución?

Las evidencias psicológicas nos dicen que no somos tan racionales como pensamos

Aunque solemos valorar de forma siempre positiva nuestra capacidad para ser racionales, el ser humano rara vez funciona de forma racional. Este es un mito que arrastramos como sociedad a causa del pensamiento cartesiano, que considera que los seres humanos somos superiores por nuestra capacidad para ser racionales (mientras que los animales son irracionales, emotivos y mero impulso). Este tipo de pensamiento nos lleva a ignorar el gran peso que nuestras emociones tienen en la forma en la que vivimos, interpretamos la vida, nos relacionamos y tomamos decisiones.

Las evidencias psicológicas nos dicen que no somos tan racionales como pensamos, sino que en lugar de pensar según algoritmos (es decir, llegamos a conclusiones exactas a partir de una información objetiva), pensamos de forma heurística (que quiere decir que tomamos atajos y acomodamos nuestros pensamientos para llegar a las conclusiones que queremos tener e ignoramos otro tipo de información contraria a esas conclusiones). Más que racionales, pudiéramos decir que somos imperfectamente racionales.

Los prejuicios sociales surgen así como forma de miedo. El ser humano es un ser esencialmente emocional. Sentimos emociones cada segundo día y por lo tanto no solo afectan a nuestro estado de ánimo, sino también a nuestra toma de decisiones, pensamientos, interpretraciones, forma de comunicarnos y relacionarnos y en cada acción que tomamos. El miedo como emoción básica nos informa sobre posibles peligros y es útil y positiva en sí misma. El problema es cómo entendemos y gestionamos ese miedo. Ante una falta de conciencia y toma de contacto con las emociones, podemos llegar a dejarnos gobernar por miedos abstractos que generalizan situaciones, y eso nos lleva al prejuicio como modo de miedo y discriminación del diferente.

Empatizar, atreverte a la apertura, y también poner límites serían las 3 claves necesarias para superar tanto tus prejuicios como para acompañar al prejuicioso a superar los suyos

Todo prejuicio social tiene una doble función: estigmatizar al otro y controlarle. A consecuencia del miedo, interpretamos la diferencia del otro como peligrosa para nuestra supervivencia, seguridad, estatus o incluso autoestima. Estigmatizamos entonces al otro en base a generalizaciones y obviamos información objetiva pero luego tratamos de controlarlo. ¿Cómo? Estableciendo roles diferenciados. De esta forma, la mujer no solo sería inferior según un prejuicio machista, sino que estaría destinada a servir al hombre. Así mismo, el pobre o el de clase baja no solo sería inferior socialmente, sino que tendría como misión formar parte de la producción básica de la sociedad. El homosexual sería un peligro que debiera limitar su comportamiento de cara a los otros y el musulmán o sencillamente las personas migrantes de otras culturas tampoco pudieran conservar características básicas de su cultura o relación con Dios que forman parte de su identidad, sentimientos y anhelos.

¿Cómo eliminar los prejuicios? Los prejuicios sociales forman parte de la naturaleza humana y están anclados en nuestra propia imperfección. Sin embargo, sí podemos tomar la decisión de tomar contacto con nuestras emociones, validar nuestras creencias y tomar un contacto más genuino, humano y profundo con el otro. Desde la empatía, podemos considerar que el prejuicioso es una persona que vive su propio proceso de aprendizaje, repleto de dificultades. Empatizar, atreverte a la apertura, y también poner límites (es decir, no aceptar la forma en la que los prejuicios del otro tratan de limitar tu vida y acciones) serían las 3 claves necesarias para superar tanto tus prejuicios como para acompañar (en la medida de lo posible) al prejuicioso a superar los suyos (siempre aceptando sus propias resistencias, que solo podremos superar desde nuestras propias decisiones). Solo desde el propio cambio personal podremos acompañar al cambio del otro.

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    Rubén Camacho Zumaquero

    Psicólogo y coach de la escuela de Empoderamiento humano

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