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El Genocidio rohinya (III)

En la «Reserva espiritual del Budismo» convertida, además, en «Democracia»

En marzo de 1962, con el «Ejército de Liberación Nacional Carene»brazo armado de la «UNC»– asentado en la «Cornisa Caren», el general Šu Maung Ne Win (quien ya había sido primer ministro entre 1958 y 1960) dio un golpe de estado derrocando a su predecesor y sucesor –y antiguo jefe– U Nu. Ne Win no era un jefe militar cualquiera que había llegado a primer ministro cuatro años antes.

La creación de la tuerca nacional-religiosa

Trece años antes Šu Maung Ne Win era el general de la milicia «Sitwundan», paramilitares bajo su control pero al margen de la estructura regular del ejército –es decir, sin la disciplina de éste–. En enero de 1949, en medio de la guerra contra la insurgencia comunista y sus aliados socialistas –más numerosos– de la «Cinta Blanca», grupos «sitwundanes» –afectos al sector también socialista, pero muy nacionalista, de la «Cinta Amarilla»– ejecutaron varios ataques en poblados carenes (éstos no solo pueblan las comarcas de la «Cornisa Caren»: también son populosos en el centro meridional de Birmania, donde viven en comunidades vecinas de los bamaros). Hasta ese momento, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la Unión era un general de etnia caren. Pero Smith Dun se vio destituido y enviado a prisión, y quien le sucedió al frente del Estado Mayor fue el general de los «sitwundanes». Aquellos sucesos y el asesinato de un comisionado del Parlamento también caren, provocaron una fractura irreparable en el ejército de la recién creada República Birmana: militares como los «Rifleros Carenes» e integrantes de la Policía Militar de la Unión (el principal encargado de combatir la guerrilla) de la misma etnia, que venían combatiendo la insurgencia —socialistas de la «Cinta Blanca» y comunistas—, se alzaron en favor de la «ODNC» (Organización para la Defensa Nacional Carene) y durante más de tres meses sitiaron Rangún. A punto estuvieron de tomarla.

Por lo tanto, Ne Win había sido el mando militar más señalado del sector más nacionalista del socialismo birmano. La sublevación de militares carenes había facilitado en 1949 el avance de la insurgencia «socialista blanca» y comunista, y el gobierno de la «Liga Antifascista» perdió el control de gran parte de la Birmania Baja —no digamos ya en la Alta— durante meses —por ejemplo Mandalay—. Pero gracias, en primer lugar, a la división entre los insurgentes (nunca formaron un frente unido socialistas de la «Cinta Blanca» y comunistas; éstos, a su vez, siguieron divididos en dos facciones; y la «ODNC» no se fiaba de ninguno de ellos), el gobierno fue recuperando a lo largo de los cincuenta el control de toda la Birmania Baja.

Además del desarrollo del «Tatmadau» (donde se integran todas las unidades militares, policiales y milicianas de la Unión), se lanzó una campaña de propaganda para provocar el rechazo popular a la insurgencia: comunistas y «socialistas blancos» fueron descritos como enemigos del budismo. Toda crítica —real o supuesta, parcial o global— al poder o discurso de los monasterios se presentó como ataque a la identidad budista nacional y a los sentimientos religiosos —o devocionales— de los pueblos de Birmania.

Pero no sólo eso. Desde gobierno y monasterios se empezó a contar la historia que antaño, la India —toda ella– fue durante siglos mayoritariamente budista. No importa saber ahora —o pasado mañana– si esto fue así o no. Los nacionalistas suelen relatar un pasado —lejano o cercano– que poco o nada tiene que ver con lo que fue. Pero, sobre todo, lo importante, es que pretenden justificar en ese pasado sus fobias y reivindicaciones excluyentes. Según esa historia, los budistas indios habían cometido un gravísimo pecado capital: ser tolerantes y compasivos. Por culpa de esa tolerancia —asociada a la debilidad en su devoción– los indios fueron adhiriéndose en masa al hinduísmo o al islam. En el Subcontinente indostánico el budismo había sufrido un retroceso descomunal y caído hasta el quinto puesto: menos del uno por ciento de los indios eran actualmente budistas, porcentaje por debajo incluso de indios cristianos y sijes. Si los budistas birmanos se mostraban igual de tolerantes o compasivos —es decir, igual de débiles en su devoción– acabarían igual que sus correligionarios indios. 

Es decir: en Birmania, el poder político-militar levantó la bandera de los sentimientos religiosos de la mayoría no sólo para generar rechazo hacia el «comunismo antirreligioso», sino además ideó el «nacional-budismo militante». Como toda idea nacionalista o identitaria, se justificó desde el miedo y se apeló al victimismo —aunque sea «preventivo»–. Miedo y victimismo que inevitablemente dan paso al odio.

O, al menos, dan paso a disculpar o incluso justificar la marginación, la exclusión y la agresión.

Impulsor, junto con U Nu, del rumbo «nacional-budista» llamado simbólicamente «tuerca» por nuestra parte para combatir, primero, el desafío comunista y presentar luego, como «choque de religiones», la confrontación del «Tatmadau» con la insurgente Unión Nacional Caren y la entonces menos poderosa guerrilla cachín —tanto para suscitar la adhesión del sentimentalismo devoto de la mayoría como para dividir a la insurgencia sudoriental y norteña (recordemos que una tercera parte de los carenes son budistas así como lo son cinco cachines de cada nueve)– significativo fue que Šu Maung Ne Win no era budista sino numerólogo: una creencia extremadamente minoritaria en Birmania —y en cualquier otro país del mundo–.

Pero este general mantuvo el Budismo zeravada como religión de la República. Si al hugonote Enrique IV, para erigirse en primer rey Borbón —el rey de Francia estaba obligado a ser católico– se le achaca la frase famosa de «París bien vale una misa», del numerólogo Ne Win se puede decir que aplicó la consigna de «Rangún bien vale mil mantras». Pero Enrique IV de Francia heredó una situación instalada durante siglos, y promulgó el Edicto de Nantes poniendo freno a la persecución o acoso de los franceses hugonotes. Ne Win, en cambio, era uno de los inventores de la «tuerca» nacionalista… aunque él iba a echar mano de otra llave para apretar esa tuerca: la llamada «Vía Birmana al Socialismo».

continuará…

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