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Covid-19 vs Fe

Al reflexionar acerca de lo que nos acontece partiendo de mi condición como creyente en Dios y en el último de los Mensajes que Él, exaltada sea Su Majestad, envío a través del profeta Muhammad a la humanidad, y viendo ciertas analogías entre los sucesos que nos ocupan en estos momentos en que nos vemos confinados en casa a causa de un virus imperceptible a la visión humana excepto en su aumento óptico y aquello que nos dice el Libro en referencia al final al que se ve abocado todo pueblo que traspasa los límites de la equidad, me lleva a hacer el siguiente análisis.

El Corán es la Escritura que contiene las buenas nuevas y la advertencia necesaria para que el ser humano entre en la consciencia de la Realidad de su propia existencia, detallada en múltiples ejemplos en forma de parábolas, alegorías junto con versos que son claros y perfectamente entendibles. Nos habla de manera extrema en aquello que es necesario para nuestra comprensión de los sucesos internos y externos con lo que hay que reflexionar, usar la razón y el intelecto para llegar a vislumbrar sus significados ya que es dinámico y a la vez actual en cada época, lugar y circunstancia en que el ser humano se ve envuelto.

El Corán nos muestra que el fin al que se ve abocada toda sociedad tiene un mismo parentesco, una sola raíz de la cual surgen las acciones que llevan a ese final de ciclo, y que es el haber traspasado todos los límites de la equidad y de la justicia social. Nos cuenta el Corán que a esos pueblos les sobreviene el castigo por haber incurrido en la injusticia de manera paroxística, rápida y fulminante. Un grito, un viento huracanado, algo que coge por sorpresa, mientras hacemos la siesta o mientras dormidos. Todo ello como ejemplo de que proviene de algo que no se espera, que es sorpresivo. Ante esta advertencia y siendo el Corán como ya hemos mencionado una escritura que trae buenas nuevas, nos dice que tan sólo aquellos que han llegado a creer y responden a esa creencia con acciones de bien son los que quedan a salvo de ese castigo. Si reflexionamos sobre este proceder partiendo de que los ejemplos son extremos, podemos vislumbrar que quizás no se trata de que un grito ensordecedor aniquila de manera masiva a aquellos que han sido partícipes de la injusticia, o que del cielo caen piedras de fuego o que se abre una grieta en la tierra para tragarse a los malhechores y que de esta manera es como Dios cambia un pueblo por otro, sino de acontecimientos que dan un vuelco social producido por un suceso inesperado ya que a lo largo de la historia hemos visto cambios sociales y cambios de hábitos surgidos tras catástrofes como por ejemplo las guerras o terremotos que han participado en una mayor consciencia social tras ellas.

Nos dice el Corán que Dios y Su Mensajero, es decir, Su Mensaje y todo aquel que lo tome como Guía, ya que el Mensajero murió y no tiene potestad para intervenir en el plano de esta vida, han declarado la guerra a la usura, al ser el causante de la iniquidad. La usura es todo incremento ilícito que perjudica a la población y no tan sólo el interés generado en un préstamo como suele interpretarse, usura es aprovechar una condición para obtener un beneficio que contiene un mal, ya sea a través del monopolio o en la escasez de recursos provocando con ello una alteración en la economía personal de los ciudadanos, es decir, alterar el mercado a través del abuso cuya consecuencia es abrir una brecha social de la cual los más adinerados se aprovechan de la situación obligando a los menos favorecidos a ver sus condiciones de vida cada vez más limitada y sus derechos más pisoteados. Este proceder es el causante de la ruptura de la justicia social y por ende de traspasar los límites de la equidad, como también lo es el negar el acceso a las mismas oportunidades debido al género, raza o por distinta posición política y religiosa así como la exclusión del más pobre y su confinamiento.

Nuestra sociedad actual está basada en la competencia, en la lucha por obtener más beneficios sin tener en cuenta a costa de quiénes y de qué, es decir, una competición por lucrarse sin importar el cómo, todo tiene un precio incluido el trabajo precario que se realiza bajo una sutil, o no tan sutil extorsión ya que al haber cada vez más desigualdad y pobreza, al estar los precios cada vez más hinchados en aquello que es básico, se acepta cualquier trabajo en cualquier situación e incluso la venta del honor propio a cambio de un lucro. Todo ello provoca una terrible brecha social, una iniquidad dominada por la soberbia faraónica cuyo discurso es tan cambiante como la necesidad de expoliación lo requiera y que proviene de discursos fáciles que calan en las mentes de los ciudadanos quedando éstos fascinados, como si de una hipnosis se tratase que dirige las atenciones hacia escalas de “valores” que les lleve a la competencia y la rivalidad, múltiples ideologías, creencias y grupos rivalizan entre ellos comiéndose unos a otros el honor y los derechos fundamentales. La iniquidad provoca inevitablemente iniquidad y en este caso somos testigos de la expoliación de recursos naturales que se está llevando a cabo como si se tratase de recoger lo máximo posible porque ya no hay un mañana, ya no hay generaciones posteriores que las necesiten, pero de esto no podemos culpar tan sólo a las empresas y corporaciones encargas de ello sino a la manera de vivir que llevamos basada en un consumismo ciego que nos hace querer más y más para satisfacernos, desechamos lo que adquirimos porque queremos adquirir otras cosas, esa rivalidad por querer ostentar, por creernos mejores porque tenemos más, así es como vendemos nuestro ser creyendo que tan solo somos si tenemos, una búsqueda de la felicidad infantil, como el niño que todo lo quiere.

El Planeta está sufriendo graves consecuencias debido a esa mentalidad, nos echamos las manos a la cabeza al ver ciertas noticias y nos vamos de compras para desconectar de esas malas noticias, desechamos toneladas de alimentos mientras a unas pocas horas otras comunidades están sufriendo hambruna permanente, gastamos en cohetes mientras países más pobres necesitan pozos, gran parte de la población occidental aplaude las políticas de cierre de fronteras y las que no permiten el rescate marítimo de cientos y cientos de seres humanos atrapados entre gigantescas olas en busca de una vida mejor donde poder comer y elevar su dignidad. Somos testigos de las guerras constantes sobre pueblos para arrancarles sus recursos para que se siga consumiendo, de acechos y expulsiones de grupos por tener una ideología o religión distinta, vemos como la brecha social trae consigo inseguridad, robos, asesinatos, timos y un largo etcétera de todo lo detestable que se entromete en la libertad de la cual todo ser humano tiene derecho a disfrutar, en definitiva, una deriva que el ser humano ya ha dejado de tener poder para enderezar, Otro tiene que tomar partido en esto ya que es Su Reino.

Dios dice que no se avergüenza de poner como ejemplo a un mosquito o algo más insignificante, todo ello como signos visibles y comprensibles para los que están dispuestos a usar la razón. Hoy un insignificante bicho tiene confinado a tres cuartas partes del Mundo, un enemigo invisible que convierte a todos y cada uno de nosotros en sospechosos. La buena noticia es que viene a cambiar de nosotros lo que no nos conviene. Es indudable que esto ha impactado en nuestras mentes, un shock que no se esperaba y que de un modo u otro va a cambiar muchas cosas en nosotros mismos, de hecho lo está haciendo ya que vemos que cada vez son más los que se suman a la solidaridad, vecinos que antes no se conocían se ofrecen a hacer la compra, a atender necesidades que no pueden realizar y que les va la vida en ello, testimonios de hijos a cuyos padres ingresaron en una residencia, de dolor por no poder hacer nada ante la tragedia que les acontece.

Así pues, pienso y no es verdad que deba tenerse presente sino una reflexión como ya he dicho que está suscrita al error por la humanidad a la que pertenezco, que la diferencia entre los “castigados” y “salvados” durante y tras una tragedia que viene de improvisto para cambiar el rumbo de una sociedad inequitativa e injusta, reside en que unos saldrán de esta con miedo, viviendo en alerta constante ya que como ya he mencionado, cada uno de nosotros somos sospechosos y por lo tanto causa de pavor ante quien se deje dominar por él, un infierno en vida que restringe la libertad y provoca tan angustia que ni vivirá ni morirá, hasta que le llegue como a todos y cada uno de nosotros y puede que sea incluso peor que muerte por coronavirus. En cambio, los que tienen certeza de que este mundo está absolutamente dominado por algo que no podemos dominar y al que unos y entre ellos yo mismo llamo Dios, y se esfuerzan en la cooperación y salvaguarda de los derechos y el honor del prójimo, obtendrán un algo que se lo hará más llevadero y al que llamo Rahma.

Y pido perdón si me equivoco y he podido ofender. Allah es el conocedor de lo que encierran los pechos y Quién realmente Sabe de todo acontecimiento.

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