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Cerrados por destrucción

¡Ábrete, sésamo!

Es el sentimiento de quien escribe estas líneas. Abundan mucho los textos donde se lanzan críticas exacerbadas sobre las sociedades y personas musulmanas ya sea porque «siguen en la Edad Media», o porque «no hacen intento alguno de volver a las fuentes» o bien porque «no renuevan nada». Se dice que en el islam no se ha producido la reforma como en el cristianismo, etc., etc.

Yo disiento, en buena medida, de estas apreciaciones. Me parece que no se tiene razón alguna cuando se dice que el islam necesita esto o lo otro, como si esto o lo otro no los hubiese habido entre los musulmanes. No son renovadores, ni figuras contestatarias, lo que ha faltado en el islam. En cambio, todos los intentos de las sociedades musulmanas de renovarse se han tirado abajo, precisamente, desde fuera del islam, valiéndose de infiltrados y por vías políticas. Eso se ve en cada país. Nunca ha interesado a los imperiales que el islam se renovase. Sería la tragedia máxima para sus fines de sometimiento, como están llevando ahora a cabo y, si los llevan a cabo justamente como lo están haciendo, desintegrando un país tras otro, es precisamente porque los musulmanes SÍ han vivido y sentido la necesidad de renovación. Y, le pese a quien le pese, están en ello. Es muy difícil porque a los poderosos del mundo no les interesa, es contrario a todos sus fines imperiales que triunfe semejante renovación. Pero, si Dios quiere, se alcanzará, al menos en cierta medida. Ya sabemos que la perfección no es de este mundo.

Por otra parte, yo, personalmente, en eso no veo diferencia entre musulmanes y no musulmanes. A Iberoamérica se la ha tratado de degradar y desintegrar con la droga y la lucha contra la droga, de la misma manera que al «mundo islámico» se le aplica el terrorismo y la lucha contra el terrorismo. Pero el principio es el mismo: no tolerar nada que escape al dominio imperial. TODOS SOMOS UNO. Todos estamos llamados a resistir y a crear dentro de una yihad, y no debemos caer en todas las trampas de «nosotros frente al otro» que se nos quieren tender. Nuestra lucha ha de ser la lucha del ser humano por la unidad, la verdad y la justicia. Son cosas que todos entendemos y con respecto a las que hay un empeño satánico en confundir para dividir y triunfar.

Todo esto que digo puede sonar a panfleto, pero no nos podemos permitir ignorar el esfuerzo de tantísimos musulmanes por renovar y resurgir humanamente. No nos damos cuenta de, hasta qué punto, el mundo necesita de ese mundo islámico con fe en sí mismo y su capacidad y todo está pensado para destruirlo desde sí mismo haciéndole creer que está acabado y carece de valor.

Hemos de arropar a todos los renovadores y todos los impulsos por recuperar los valores desarrollados por las civilizaciones islámicas y también por extraer de la inspiración regeneradora de sus herederos nuevas luces y estímulos. La luz no ha muerto. La crítica está muy bien pero debe contar con la dosis ideal del equilibrio: ni todo van a ser parabienes y, ni mucho menos, todo ha de ser un inacabable flagelar y sacar faltas. Las cosas que se han hecho y se hacen bien no pueden echarse abajo continuamente. Apreciemos lo que sí se hace bien y apoyemos lo mejor. Será un tiempo y esfuerzo mejor empleado que el destinado en la continua descalificación. Recordemos: no somos nosotros los «occidentales» los que estamos invadidos y desintegrados por fuerzas internacionales que escapan a nuestro control. Después de la ex-Yugoslavia, no son los países europeos los que van cayendo uno tras otro bajo el hacha de la barbarie exo-inducida mientras los pueblos inermes, a todo lo más que pueden aspirar es a sobrevivir.

La fe mueve montañas, se nos ha dicho siempre. Al menos esa no la perdamos ni descorazonemos a los que tienen los mejores impulsos con críticas invariablemente negativas y exigentes como si la situación fuera un lindo paseíto en barca y no lo horrible que es.

Que Dios nos dé suficiente fe y sabiduría para mejorar lo mejorable y, donde no lleguemos, que Su divino consuelo nos alcance a todos.

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Carmen del Río

Escritora. Presidenta de la Academia Española de Exégesis Coránica.

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